Una de las características de los seres humanos es que nos
cuesta habituarnos a nuevos entornos. En el caso de los juegos es la interfaz
del juego la que nos permite estar más o menos a gusto. Pero hubo un juego que
rompió moldes en cuestión de interfaz y posibilidades. World of Warcraft.
Hasta ese momento todos los juegos tenían unas características
parecidas en cuanto a personalización de la interfaz. Con WoW llegaron los accesorios (add
on, en su nombre ingles), programas de terceros que se acoplan al juego mejorando o modificando
algunos aspectos tales como la interfaz, la interpretación de datos de combate
y similares, y con ellos una ingente
comunidad de programadores aficionados (o profesionales) que dotaron al juego
de un nivel de personalización nunca visto hasta entonces.
Con la salida al mercado de Star Wars Old Republic ha
saltado a la palestra la discusión sobre si Bioware debería o no permitir los add
on.
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